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Nota del impresor. La Libertad Cristiana (en latín De Libertate
Christiana, en alemán Von der Freiheit eines Christenmenschen) es una
de las tres grandes obras de la Reforma de 1520, junto con la Exhortación a la
nobleza cristiana y La Cautividad Babilónica de la Iglesia. En ella, Lutero
expone la paradoja central del evangelio: el cristiano es, a la vez, libre
señor de todas las cosas y servidor de todas ellas.
El tratado parte de la distinción entre el hombre interior —el alma que se
justifica por la fe— y el hombre exterior —el cuerpo que sirve al prójimo con
las obras—. La fe en Cristo libera al alma del pecado, de la muerte y de la
ley; y esa misma fe, que obra por el amor, hace del cristiano un siervo
voluntario de todos. Lutero dirige la primera edición al papa León X con
humildad aparente, pero sin ceder un ámbito de la libertad de conciencia.
Esta edición neutraliza regionalismos (modo «tú», LATAM amplio) y mantiene el
resto intacto. El æqr verifica el texto exacto de esta edición.
I
Las Dos Tesis
LA PARADOJA DE LA LIBERTAD
1«El cristiano es un libre señor de todas las cosas y no está sometido a nadie.»
Tesis primera. La fe en Cristo libera al hombre interior de todo
poder exterior: ni la ley, ni el pecado, ni la muerte, ni la autoridad de los
hombres tienen jurisdicción sobre la conciencia del creyente. El alma que
cree en Cristo es señora de todas las cosas: no las necesita para su
salvación, porque ya es justa en Cristo Ro. 14:4;
1 Co. 9:19.
2«El cristiano es un servidor de todas las cosas y está sometido a todos.»
Tesis segunda. La misma fe que hace libre hace siervo. El
cristiano no vive para sí, sino para el prójimo: se hace siervo de todos
para ganarlos para Cristo, como Cristo se hizo siervo de todos para salvarlos.
La libertad cristiana no es licencia para la carne, sino la fuerza del amor
que se entrega 1 Co. 9:19; Gá. 5:13.
II
El Hombre Interior y el Exterior
FE Y OBRA, ALMA Y CUERPO
1¿Qué edifica al hombre interior?
La palabra de Dios. El alma no se alimenta de ritos ni de obras,
sino de la promesa: «la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de
Dios». La Palabra es la única obra de Dios que el hombre interior puede
recibir; ella engendra la fe y la fe engendra la vida. Sin la Palabra no hay
consolación, ni crecimiento, ni salvación Ro. 10:17;
Jn. 8:32.
2¿Qué es la fe que justifica?
La fe es la obra de Dios en el alma, no un sentimiento humano.
Es confiar en la promesa del evangelio y aprehender a Cristo como su esposo:
el alma se une a Cristo como la esposa al esposo, y en esa unión recibe su
justicia, su paz y su vida. Una fe viva, activa, que no puede dejar de hacer
buenas obras Ef. 1:13-14; Jn. 6:29.
3¿Justifican las obras al alma?
No. Las obras no justifican: son el fruto, no la causa, de la
justificación. El hombre no es justo porque haga obras, sino que hace obras
porque ya es justo por la fe. Las obras de la ley no pueden tocar el alma;
solo la fe la toca. Por eso la Escritura enseña que por las obras de la ley
ningún ser humano será justificado Ro. 3:20;
Gá. 2:16.
4¿Cuál es la relación entre el alma y el cuerpo?
El hombre interior (el alma con su fe) y el hombre exterior (el
cuerpo con sus obras) son dos ámbitos de una sola persona. El alma se
justifica por la fe y sirve a Dios; el cuerpo, renovado por el bautismo y
los sacramentos, sirve al prójimo. La fe libera al alma; el amor envía el
cuerpo a trabajar. Ambos son del cristiano, y ambos son de Dios Ro. 12:1; 1 Ts. 5:23.
III
Las Obras
LIBRES PARA SERVIR
1¿Salvan las obras?
No. «Las obras no hacen al hombre justo, pero el hombre justo
hace obras.» Las obras son el testimonio de la fe viva, no el precio de la
salvación. Quien busca salvarse por las obras busca en el lugar equivocado:
la salvación está en Cristo, recibida por la fe. Las obras siguen a la fe
como el calor sigue al fuego Stg. 2:17-18;
Ef. 2:8-10.
2¿Qué dice Lutero del ayuno y las ceremonias?
Que son libres, no obligatorias. El cristiano no necesita ayunos
impuestos, peregrinaciones ni ceremonias humanas para agradar a Dios: la fe
en Cristo lo ha hecho libre de todo eso. Las tradiciones humanas son
permisibles cuando se hacen con libertad y no se convierten en mérito ni en
carga para la conciencia. Lo que no proviene de la fe no es piedad, es
apariencia Col. 2:16-23; 1 Co. 8:8-9.
3¿Para quién se hacen las obras del cristiano?
Para el prójimo. El cristiano vive en Cristo por la fe y en el
prójimo por el amor. Como Cristo vino a servir y no a ser servido, el
creyente sirve: ama al prójimo, lleva sus cargas, comparte su pan y perdona
como ha sido perdonado. Las obras no se hacen ante Dios para merecer, sino
ante el prójimo para amar Mt. 25:35-40;
Gá. 6:2.
4¿Qué es la fe que obra por el amor?
Es la fe viva en su forma plena: «la fe obra por el amor»
(fides caritate formata). El amor es la forma que da vida a la fe,
como la forma da vida a la materia. La fe recibe de Cristo; el amor lo
entrega al prójimo. Así el cristiano es Cristo para el prójimo: lo que
Cristo fue para él, él lo es para los demás Gá. 5:6;
1 Jn. 4:19-21.
IV
Historia
1520: EL AÑO DE LAS TRES OBRAS
1¿Por qué Lutero dedicó la obra al papa León X?
Porque quería someterse al juicio de la Iglesia, no destruirla.
La primera edición en latín (agosto de 1520) abre con una dedicatoria al
papa: Lutero ofrece sumisión en lo externo y reconoce que León X es su
señor, pero proclama que en lo interno —en materia de fe y conciencia—
nadie puede mandar sobre él. La dedicatoria es humilde en la forma y
firmísima en el fondo: la conciencia no tiene más señor que la Palabra de
Dios.
2¿Qué diferencia hubo entre la edición latina y la alemana?
La edición alemana, Von der Freiheit eines
Christenmenschen, llevaba el tratado directamente al pueblo. Lutero la
escribió para los alemanes —a la nobleza y al pueblo llano—, en lengua
vulgar, para que todo cristiano pudiera leer la libertad que su fe le daba.
Juntas, las tres obras de 1520 —la Exhortación, la Cautividad y la
Libertad— constituyen el corazón de la Reforma de Lutero.
3¿Cómo fue recibida la obra?
Con rapidez y con escándalo. El tratado se difundió por toda
Europa en meses y se convirtió en uno de los escritos más citados de Lutero.
El papa León X no aceptó la dedicatoria: en la bula Exsurge Domine
(junio de 1520) condenó las proposiciones de Lutero, y la Dieta de Worms
(1521) lo declaró fuera de la ley. Pero la paradoja ya estaba en
circulación: libre señor de todas las cosas, servidor de todas ellas.
V
Legado
UNA LIBERTAD QUE SIGUE HABLANDO
1¿Cuál es el legado de la libertad cristiana?
La libertad de conciencia. De esta obra nació la convicción de
que nadie puede ser forzado en materia de fe: la fe o es libre o no es fe.
El principio de que la conciencia del cristiano solo está sujeta a la
Palabra de Dios —no a papas, concilios ni mayorías— se convirtió en la
semilla de la libertad religiosa moderna y del sacerdocio de los
creyentes.
2¿Por qué sigue vigente esta paradoja?
Porque es el evangelio en dos frases. «Libre señor de todas las
cosas»: nada —ni el pecado, ni la muerte, ni el juicio de los hombres—
puede separar al creyente del amor de Dios. «Servidor de todas ellas»: ese
mismo amor lo envía a servir. La libertad cristiana no es autonomía, es
entrega: libre de todos para Dios, siervo de todos por amor Ro. 8:38-39; Fil. 2:5-7.
La libertad en síntesis. Dos tesis, una sola vida: el cristiano es
libre señor de todas las cosas y servidor de todas ellas. La fe lo libera de
la ley, del pecado y de la muerte; el amor lo hace siervo del prójimo. Lutero
no separó lo que Dios unió: la fe que obra por el amor es la marca del
cristiano libre. Las tres obras de 1520 laten en estas dos frases.
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